Ciudad de México: Iba de regreso a mi casa y subí un autobús por la noche; iba algo lleno y se escuchaba un molesto ruido de motor. Adentro había tres lindas chicas con falda de escuela secundaria del turno vespertino. Una de ellas pasó frente a mí dándome un tallón con su trasero; sentí sus nalguitas redonditas y bien paraditas, lo cual me calentó mucho. El autobús tenía poca iluminación y esto me animó para acercarme más a la chica. Ellas iban platicando de cosas tontas, en eso me atreví a tocarle suave y discretamente una pierna a la chica que me calentó. Ella no hacía nada, así que subí mi mano para tocarle una nalguita. Sentía la costura de su calzón y su colita durita, yo me estaba calentando más y decidí poner mi mano de lleno en medio de sus nalguitas y con un dedo en su anito. Ella se dejaba tocar, seguía riendo y platicando con sus amigas como si nada estuviera pasando. Repentinamente, la chica se voltea quedando frente a mí, pero sin hacerme mala cara, así que me dio confianza para tocar su pierna con el dorso de mi mano, pero ahora por adelante. Me fui acercando cada vez más a su entrepierna hasta que logré tocar su conchita chiquita, pero por encima de la falda. Ella seguía platicando normal, en eso, separó las piernas como enviándome un mensaje de que me atreviera a más. Esta acción me calentó más de lo que ya estaba y de inmediato le toqué su conchita con toda la palma de mi mano y por encima de la falda. Estaba calientita y a pesar de la oscuridad pude notar que ella se sonrojaba y que su respiración se agitaba. Creo que le dio un poco de miedo porque se quiso quitar, pero yo no me detuve y se volvió a quedar quietecita; ya no platicaba con sus amigas. El autobús ya estaba tan lleno que nadie se imaginaba lo que estaba sucediendo allí abajo. Ella se movía como queriéndose quitar pero después se pegaba más a mí, sin embargo yo nunca quité la mano de mi objetivo. Ahora la empezaba a frotar con más descaro y pude sentir un vaporcito calientito. Ante tal excitación, a ella se le escapó un gemido, que sus amigas no escucharon por el ruido del motor. Después quise intentar meter mi mano por debajo de su falda, pero en eso, una de las amigas dijo: ¡Pide permiso porque ya vamos a bajar! Yo me hice a un lado para ceder el paso, pero no me quise bajar; para que las chicas no sospecharan que su amiga y yo tuvimos algo que ver o para no crear algún conflicto; pues tal vez alguien las estuviera esperando. Llegando a mi casa me masturbé con las imágenes frescas de minutos atrás. Después de tener un orgasmo abundante y caliente, pensé: ¡Qué suerte la mía! ¡Quién se iba a imaginar que esa chiquita de carita angelical resultaría ser una putita caliente!
Tengo otros relatos que subiré cuando tenga tiempo. Dejo mi correo para cualquier comentario: oropuente@yahoo.com.mx

